lunes, 11 de abril de 2011

La obsolescencia programada: el motor secreto de nuestra sociedad de consumo

Hoy día vemos usual que nuestro móvil apenas dure un año, que la batería de nuestro portátil día a día tenga una vida más corta, que la bombilla del pasillo estalle sin más o que esas medias recién compradas estrenen una carrera el segundo día. Y lo vemos usual porque nunca hemos visto que estos objetos actúen de otra forma, o que sean duraderos. Pero, ¿qué es lo que hay detrás de todo esto?



Ya había escuchado alguna vez que las impresoras incorporaban un chip que provocaba que, a un número determinado de impresiones, dejase de funcionar, pero al encontrar este curioso documental reflexioné mucho más sobre este tema, llegando, o intentándolo (es muy difícil creo darse cuenta de todo lo que este hecho tan aparentemente sencillo lleva detrás) hasta el fondo de la cuestión.
El documental, de vídeos, imágenes e información que duró 3 años, recorre la historia de una práctica empresarial consistente en la reducción deliberada de la vida de un producto para incrementar su consumo, dado que para los "peces gordos" de la economía, un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios.
Lo primero, para aquellos que no conocen la obsolescencia programada, explicar un poco en qué consiste. Se denomina obsolescencia programada a la determinación, planificación o programación del fin de la vida útil de un producto o servicio de modo que éste se tome obsoleto, no funcional, inútil o inservible tras un período de tiempo calculado de antemano, por el fabricante o empresa de servicios, durante la fase de diseño de dicho producto o servicio. Así, nace cuando los comerciantes comienzan a vender las patentes inventadas por físicos, químicos y demás. Ante la durabilidad de estos productos, las ventas son escasas, existe poca demanda, por lo que obligan a cambiar dichas patentes y reducir su tiempo de vida, aumentando así la demanda del producto.
Si pensamos esto a principios del siglo XX, que es cuando se concibe su nacimiento, lo encontramos hasta incluso beneficioso, ya que por aquel entonces no se tenía en cuenta que nuestro planeta incorpora unos recursos finitos; el llevar a cabo esta medida traía consigo un aumento de la economía mercantil y muchos puestos de trabajo.
Al aumentar la producción en masa y la sociedad de consumo (cuando las medias se rompían, había que comprar unas nuevas), nace en paralelo a esta obsolescencia programada, no se sabe muy bien si con buenas (que todos tuviesen trabajo) o malas (maximizar beneficios) intenciones. Depende de lo inocente de la mente que haga el razonamiento se puede pensar una cosa u otra. Lo cierto es que, al igual que la sociedad un día se corrompe y aparece el gobernante que se aprovecha de su poder, los cabecillas del comercio comienzan a triunfar gracias a esta política que implantan.
Y nos preguntamos, ¿sin obsolescencia programada no habría nada? Sabemos que en el comunismo de los países del Este no existía esta estrategia, y les iba bien, también hay que tener en cuenta el modelo de sociedad que tenían y la independencia en el modo económico respecto al resto de países. La confirmación nos da la caída del Muro de Berlín, que provoca que estos países se unan a la obsolescencia programada porque no les queda otro remedio.
Y ahora, después de esta recopilación de información, pasemos a las reflexiones que nos ha suscitado el conocer esta estrategia de la corta vida de los objetos.
Bien es sabido que todo lo que crea el hombre desde hace ya bastantes siglos va un poco en contra de la naturaleza. Pero en este último siglo hemos sobrepasado los límites que la Madre Naturaleza nos permitía y más aún. Está más que claro que no es una solución sostenible, es una contradicción: quien crea que un crecimiento ilimitado es compatible con un planeta limitado o está loco, o es economista. Una vez más, el ser humano, en su ambición por ser el más poderoso (consecuencia directa, ser el que más dinero tiene, ya que el dinero es el que lo mueve todo) se ha olvidado de que sin un espacio donde vivir no es nadie, y que día a día su casa se deteriora más y más, llegando actualmente a un punto en el que realmente nace un temor por su vida...porque cada día está más muerta. Dijo Gandhi una frase que viene al pelo con esto que comento: "El mundo es suficientemente grande para satisfacer las necesidades de todos, pero siempre será demasiado pequeño para la avaricia de algunos".
Y, como no, ¿quiénes son los más perjudicados en todo esto? Como siempre, los que menos dinero tienen, los países del tercer mundo.
En Ghana (África), existía una zona llena de vida, por la que pasaba el río Odawiera. Era un espacio verde, lleno de vida, donde las personas iban a pescar; en una explanada verde, podía contemplarse la visión entrañable de unos niños que durante toda la tarde, bajo el sol, jugaban con una pelota, tampoco necesitaban mucho más que lo que la naturaleza les ofrecía para ser felices...Ghana ya no existe. Su nombre sigue siendo el mismo, pero su identidad se le ha sido arrebatada. Ahora el río no es un espejo negro; el verde, la naturaleza muerta, ya no hay peces, todo está cubierto con un manto de electrónica obsoleta. El espacio actualmente se conoce como el vertedero de Agbogbloshie. ¿Por qué? ¿Con qué derecho? La persona que se siente con poder sobre los demás, se cree también con la capacidad de decidir dónde colocar sus restos, y el lugar elegido es el tercer mundo, porque, a sabiendas de que ellos tampoco quieren esa basura (y menos aún cuando no la han utilizado) allí la plantan; saben que sus quejas se quedarán en simples ecos, y eso es una carta a favor con la que juegan.




Si el territorio de los países desarrollados está masificado y no respeta al medio ambiente, y unimos además que llevan lo que ya no les sirve a contaminar los espacios no desarrollados, nos encontramos con un país cada día con menos espacios sin antropizar, con menos oportunidades de renovación del aire, debido a la continua tala de árboles, y la imposibilidad de vida en las tierras debido a la multitud de vertederos, que dejan la tierra agotada y muerta durante décadas.
¿Soluciones? La economía tiene como telón de fondo la insostenibilidad y el deterior del planeta de una forma exponencial. Cuando hablamos de proteger el medio ambiente, siempre pensamos en recortar, renunciar, reducir. No obstante, parece que no reparamos en que, por ejemplo, en primavera, un cerezo ni recorta ni renuncia. La propia naturaleza no produce residuos, solo nutrientes. Por eso se podría apostar por la vuelta a la fabricación de útiles artesanos, fabricados con elementos naturales, que, una vez devueltos a ésta en forma de escombros, sean un nutriente que ayude a que la naturaleza se renueve y pueda continuar su ciclo.
Por otro lado , otras soluciones que podrían proponerse para paliar un poco los efectos negativos que la obsolescencia programada provoca en la naturaleza podría ser una vuelta a la estandarización de piezas y componentes por parte de la industria (esto evitaría una gran cantidad de residuos, ya no es solo el móvil, sino el móvil y su cargador, diferente del de los demás móviles, por ejemplo). Además, debería alargarse el nivel de vida de los productos, aunque esto conllevase su encarecimiento, y dejar un poco atrás esa publicidad, a veces tan subliminal, e intentar concienciar en las mentes un cambio a la hora de valorar los objetos materiales y no utilizarlos como desechables, sino intentar imponer una nueva moda en la que la propia moda sea menos periódica, no se tenga un deseo constante de adquirir nuevos y contaminantes productos.
Y si, finalmente, nos centramos en lo que es el sistema, observamos que hemos creado un ciclo en el que prima el crecer por crecer con el único objetivo de que la economía crezca, sin tener en cuenta el resto de factores que influyen en este negocio. Se dice que no hay innovación si no hay negocio, por tanto, ¿habríamos llegado al punto en el que estamos si no fuese por este sistema?¿Es necesario realmente avanzar como lo estamos haciendo?¿O es el camino equivocado? La verdadera solución en realidad estaría aquí, en un cambio sobre este sistema, pero sería realmente utópico; si en el mundo se paliara la avaricia, que es el causante principal de que el hombre quiera más de lo que necesita (tanto en consumidores, como en vendedores, aunque los vendedores son más las víctimas), así se pensaría en la Naturaleza y en qué es lo que verdaderamente necesita, ya que no debemos de olvidar que es ella la que nos lo da todo. Tenemos una deuda pendiente con ella.


Por último, remitir a una frase que leí en un foro sobre este tema, que llamó mucho mi atención, para que sirva como puerta a la reflexión sobre todo lo expuesto anteriormente:
"Si se nos está estafando, ¿por qué no actúa de oficio la justicia? Si la justicia no actúa ante la ilegalidad, ¿vivimos en un Estado de derecho?

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